POR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES.
Con júbilo de campanas y banderas de colores fue recibida en la comunidad la Virgen de Zapopan, el pasado 19 de septiembre.

Todavía con el dolor y la indignación de los hechos ocurridos en Morelia Michoacán el pasado 15 de septiembre, en donde 5 personas inocentes perdieron la vida y más de 100 resultaron heridas, el Señor Cura dio la bienvenida a la Virgen leyendo el mensaje del cardenal Juan Sandoval en el que se hace hincapié en orar por los delincuentes: asesinos, secuestradores, ladrones, narcotraficantes, ...”porque ellos -añadió el Señor Cura al mensaje, volviendo la mirada a la Virgen- también son hijos de María”, también son hijos de Dios, también son hermanos nuestros en Cristo Jesús.

Confiados, recordemos que a la Virgen de Zapopan se le conoce también como “pacificadora”; la historia nos da cuenta de cómo llega la Virgen a calmar los ánimos y a traer paz a nuestro territorio, entonces llamado la Nueva Galicia. Pero, aún más, la Virgen, en sus diferentes advocaciones se muestra también como intercesora de pecadores. El relato más cercano y más difundido lo tenemos en las apariciones de Fátima, en Portugal, que vivía en ese entonces bajo el peligro inminente de la guerra; ahí, la Virgen habla a unos pequeños: Lucía, Jacinta y Francisco, a quienes pide expresamente: “oración y sacrificio por la conversión de los pecadores”

Ahora bien, tomando en cuenta que estamos en Octubre, mes del Rosario, de las Misiones y de la Familia, pensemos en encomendar nuestros Rosarios por la conversión de los pecadores; pero no sólo eso, luchemos también por lograr cambios preventivos y con hechos concretos, desde el interior de nuestras familias. Pueden muchos no estar de acuerdo, pero la delincuencia se propicia desde los hogares, cuando no se les brinda a los hijos “seguridad, en el amor, pero en un amor sano y responsable”; se propicia también cuando no se ponen límites y reglas bien definidas. En el curso de Escuela para padres, que se está impartiendo en Belén de Jesús todos los lunes de 8 a 10 de la noche, y al que aprovechamos para invitar a todos los papás, se nos dice: los papás llegan a ser tan permisivos que son hasta alcahuetes de sus hijos; y ahí están las consecuencias: hijos delincuentes.

Para nosotros, papás católicos, es importante prepararnos porque sabemos que un día Dios nos tomará cuenta por los dones que hemos recibido y nuestros hijos son eso precisamente: regalos de Dios. Pero no nos entristezcamos ante estas situaciones por que nosotros tenemos un modelo a seguir que nos garantiza paz: La sagrada familia. En todo caso entristezcámonos ante nuestra ceguera de no haberla visto antes como norma y modelo y entristezcámonos también por aquellos que no la conocen.

Reflexionemos un poco y caigamos en la cuenta: Jesús, siendo Dios, identificado con el dolor de los hombres, deseoso de salvarlos, pudo, de haber querido, aparecer de la nada como hombre o inclusive, pudo haber nacido sólo del seno de María y sin embargo, otorgando la importancia trascendente que debe tener la familia para todo ser humano, decide nacer en una familia donde está presente una Mamá amorosa, que se identifica con el dolor ajeno, por intrascendente que parezca(Bodas de Cana), reflexiva y dócil a la voluntad Dios, y un papá trabajador, prudente y “ciegamente dócil también a la voluntad Dios”. A María, la joven doncella, se le pidió su parecer “has encontrado favor a los ojos de Dios”, le dijo el ángel… y sigue la conversación en hermoso diálogo hasta que finalmente ella dice:” He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, según tu palabra.”, en cambio, a San José le habla en sueños para señalarle lo que quiere de él, a sabiendas de que José actuará en consecuencia, sin poner objeción, porque es un hombre de fe. Así, nace Jesús y se vuelve aquel un bello hogar donde el Hijo vive serenamente, bajo todos los condicionantes de un hogar: al lado de sus padres, recibiendo cuidados, alimentación, enseñanzas… amor; preparándose para que llegado su tiempo, llevará a cabo su misión; misión que consistió en darlo todo por los hombres, en obediencia ciega al Padre, a Dios Padre. Y esas son precisamente las actitudes que deben ser norma y modelo en nuestras familias: mamás que se declaren esclavas del amor, identificadas con las necesidades no sólo de sus hijos sino de todos los hijos de todas las madres del mundo, papás prudentes, de fe, que confían ciegamente su vida, su futuro y el de su familia a la voluntad divina e hijos que viven serenos en su hogar, viviendo plenamente en el calor y la seguridad del amor de sus padres, para luego, llegado el tiempo, ir, a donde deba ser su misión, cualquiera que ésta sea, dando la vida por los hombres. Qué diferente sería la vida de toda la humanidad en medio de familias como la de la Sagrada familia, no habría intereses personales que empañaran el desarrollo y futuro de otros hombres y por tanto no habría cabida para el pecado: quien es educado en el amor, no puede sino dar amor.

Parece UTOPIA lo que escribo, sin embargo, si para alguien parecía imposible aberración que una madre matara a su hijo, y desafortunada y tristemente ya lo esta haciendo a través del aborto; ¿Por qué no puede ser una imposible bendición que todos los hombres llegáramos a amarnos???

Mientras tanto, identificados con el dolor de las víctimas, oremos por ellas; pero identifiquémonos también con la desgracia de los hombres que viven bajo la sombra de sus propios pecados, de sus propias culpas y oremos por su conversión, por una conversión ciega al amor. Oremos por ellos, confiados en María que intercede por todos nosotros ante Jesús, su hijo quien todo lo da, para que El lleve nuestra petición al Padre, quien todo lo puede. Volver

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