¡GRACIAS MAMITA MARÍA!

Procedentes de otra ciudad, llegamos a Guadalajara mi esposo, mis cuatro hijos y yo en agosto de 1989, hace exactamente 19 años. Era urgente encontrar casa en renta porque faltaban sólo tres semanas para que diera inicio el ciclo escolar.

Mi amiga Célida, que años atrás fue mi vecina en la ciudad de donde veníamos, se ofreció amablemente a ayudarme a buscar la casa. No fue fácil encontrarla, diariamente íbamos por la ciudad de norte a sur, de este a oeste, de mañana y tarde y nada.

Un día, ya cansadas y yo desesperada me dijo: pídele a la Virgen de Zapopan que te consiga una casa de acuerdo a tus necesidades y posibilidades; cerca del trabajo de tu esposo y cerca de conmigo para echarte la mano con las escuelas de tus hijos. (Kinder, primaria y secundaria).

Yo le contesté: ¿Cómo crees? Si yo ni la conozco. Ella insistió argumentando que es muy milagrosa y sugirió que fuéramos caminando a pedírselo.

Debo agregar que alguien le comentó a mi amiga que por la calle de Indias había una casa que pronto se iba a desocupar, vinimos a verla, platicamos con la inquilina y nos confirmó que la iba a dejar, pero que no sabía con exactitud si en dos semanas o en mes y medio. Esta era la casa que yo estaba buscando, pero había otro problema; hablamos con el dueño, el Sr. Martínez y nos dijo que no la rentaba a matrimonios con niños. Por otra parte nosotros ya habíamos rentado nuestra casa y debíamos entregarla el día 1º de septiembre; así que todo se nos complicaba, pero ya había quedado con mi buena amiga Célida de ir al día siguiente a Zapopan.

Regresé al hotel donde estábamos hospedados y mirando hacia Zapopan le dije a la Virgen: ¡Madre mía, perdóname! ¡Qué tonta soy!, Tú eres la misma Purísima Concepción que me cuida desde niña; ve mi necesidad, pon los medios para que nos renten la casa. Y al día siguiente emprendimos la caminata, salimos de Avenida Rosario Castellanos. Mi amiga iba tan ágil y alegre que me animaba a seguir adelante y me reanimaba para no quejarme, pues desde Federalismo ya mi cansancio era tremendo, se me hacía imposible llegar a Ávila Camacho, pero llegamos al Santuario y entramos de rodillas y dejé en la Virgen toda mi preocupación, toda mi tristeza por dejar atrás, en otra ciudad mi casa, mis amigas, mi tranquilidad y muchas cosas más. Además le pedí mucho por mis hijos, pues el cambio era drástico.

Nos rentó la casa el Señor Martínez, nos instalamos y nuevamente mi amiga me dijo: vamos a ir caminando hasta Zapopan para darle las gracias a la Santísima Virgen por el milagro que nos hizo. Esta vez fuimos las dos familias completas. Con cuánta alegría y gratitud caminamos.

Un año después compramos la casa por medio del Banco. Los primeros años no batallamos para hacer los pagos, pero los siguientes…

Un día (10 de diciembre) nos notificaron que el Banco exigía el pago total del adeudo, que ya superaba el valor de la casa.

¡Cuánta angustia y cuanta impotencia! ¿Cómo iba a darle la noticia a mi esposo? Hacía unos meses habían desalojado a una familia por el mismo motivo.

Dios me llenó en ese momento de una fe y una fortaleza tan grande que pude transmitirla a mi esposo y a mis hijos. Empezamos ese día un triduo a la Santísima Virgen de Guadalupe en Getsemaní. Mi comadre Cristy me invitó a misa y estando frente a la Virgen le dije: ¡Madre mía!, darme a la tristeza, darme a la preocupación sería dudar de ti. No vengo a pedirte algo innecesario. Vengo a suplicarte que pongas los medios para que podamos terminar de pagar esta casa que tú ya nos diste. Y con esa confianza y muchos sacrificios salimos de este problema.

Por esto, cada que estoy en la presencia de la Santísima Virgen de Zapopan, y sobre todo si es en el mes de septiembre, cuando nos visita, siento una alegría muy grande porque en septiembre la conocí bajo esta advocación y con este milagro tan grande.

¡Gracias mamita María!

Margarita Carlos, Coordinadora de Pastoral Territorial.

Volver

Web GDL Sitio Hospedado
en: webgdl.com
Vinculos: