|
CUANDO LAS PALABRAS NO BASTAN
RECONCILIACIÓNMichele hizo su Primera Comunión cuando tenía siete años; poco después quiso volver a confesarse, pero al hacerlo pidió ayuda al sacerdote quien lo animó a explayarse cuanto él quisiera. El niño, con mucho entusiasmo, narró al sacerdote una aventura, en la que había roto intencionalmente una ventana a una vecina corajuda y grosera con los niños. Sus amigos y él, habían también gritado algunos insultos a la mujer. EL sacerdote le preguntó: ¿Te arrepientes de todo esto?, el niño respondió: “No, porque es muy mala con nosotros”. El sacerdote se enfureció y descargó un fuerte golpe sobre la cabeza del niño, quien al sentir el dolor dijo: “Ah, guey”. Entonces volvió a sentir nuevamente la agresión del sacerdote sobre su cabeza. Inmediatamente se puso de pie y sin esperar la absolución salió corriendo, jurándose a sí mismo que jamás volvería a solicitar que lo confesaran. Al paso del tiempo, el incidente se volvió cada vez más doloroso y su corazón fue engrandeciendo los acontecimientos, hasta llegar a odiar, todo lo que le recordara la Iglesia o su jerarquía. Después de 11 años, sí once años, Michele participó en un curso de Evangelización Fundamental. El Señor tocó su corazón y pudo perdonar al sacerdote que le había herido no sólo su cabeza, sino también su corazón. Michele tomó la decisión de acercarse al Sacramento de la Reconciliación, lo más pronto que pudiera y así lo hizo. Buscó un confesionario, porque aunque el Señor ya había hecho su obra, el todavía tenía un poco de miedo; miedo de mirar directamente al sacerdote, que sería el medio por el que el amor misericordioso del Padre, llegaría a su vida. El sacerdote llamó y Michele contesto, pero para su asombro, escuchó decir al sacerdote que quería mirarlo cara a cara; que por favor diera la vuelta, para encontrarse de frente. Cuando Michele, con un poco de temor, dio la vuelta y levantó los ojos mirando al sacerdote, no podía creer que fuera el mismo que once años atrás lo había agredido. El sacerdote, por supuesto no lo reconoció. Michele comenzó su confesión, diciendo que hacía once años que no se confesaba, porque había tenido una experiencia muy dura…Después de un momento, se dio cuenta que el sacerdote permanecía en profundo silencio; levantó la mirada y entonces sucedió algo verdaderamente hermoso. El sacerdote pidió a Michele que se pusiera de pie. Así lo hizo. Después, el ministro de Dios se puso de rodillas ante Michele y le dijo: “Por favor, perdóname; durante once años he orado a Dios por aquel niño al que castigue tan injustamente. Yo había tenido un fuerte disgusto y tú fuiste el blanco de mis frustraciones. Gracias a Dios que te encontré y que me dio la oportunidad de pedirte perdón. ¿Puedes hacerlo por favor?”. Un mes después, el sacerdote murió. María de la Defensa Michel Volver Vinculos:
|